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Casi dos años después del colapso financiero de 2008, ¿han disminuido los riesgos para la economía mundial? ¿O las circunstancias que llevaron a la crisis aún perduran? Esas y otras cuestiones fueron tema de debate en un Congreso titulado “Riesgo Global: Nuevas Perspectivas y Oportunidades” organizado en Wharton por el Penn Lauder CIBER (Centro de Educación e Investigaciones Internacionales) y Santander Universidades. El consenso al que se llegó es que se ha conseguido hacer frente a las amenazas inmediatas, pero los factores responsables de la inestabilidad a largo plazo permanecen activos.

Nouriel Roubini, economista de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, destacó que entre los principales riesgos para la economía americana están el “desapalancamiento del sector inmobiliario, el elevado índice de desempleo, la posible doble recesión del sector inmobiliario, los problemas gubernamentales nacionales y locales y la parálisis del Congreso”. Aplazar la resolución de esas dificultades puede llevar a una revuelta en el mercado de títulos. “Los mercados emergentes están creciendo de forma rápida”, dijo Roubini, añadiendo que existe peligro de sobrecalentamiento.

A continuación algunos párrafos procedentes del informe del Congreso. El texto completo se puede bajar aquí.

Existe cada vez mayor consenso entre los expertos de que las condiciones que originaron la crisis continúan existiendo. Supimos responder a las amenazas inmediatas del colapso financiero y con eso evitamos situaciones todavía más devastadoras, sin embargo los factores responsables de la inestabilidad global a largo plazo continúan activos.

En realidad, la crisis aceleró tendencias antiguas que pueden traer volatilidad y confusión como, por ejemplo, el ascenso de las economías emergentes, algunas de las cuáles están sobrecalentadas y pueden ser víctimas del estallido de sus burbujas “antes de lo que imaginamos”, explica Yasheng Huang, profesor de la Escuela de Negocios Sloan, del MIT; cambios en la composición de la edad de la población, posible florecimiento del nacionalismo y o/proteccionismo; capacidad limitada de los gobiernos muy endeudados de los países ricos para hacer frente a demasiados problemas económicos; competición reñida por los recursos naturales escasos y la energía, entre otros. “Llegamos a la conclusión de que no se ha hecho frente a muchas de las causas de la crisis, lo que constituye una posible amenaza de la peor especie”, dijo Ann Harrison, profesora de la Universidad de California en Berkeley.

Las intervenciones por parte del Gobierno, observó Stijn Claessens, director asistente de investigaciones del Fondo Monetario Internacional, han sido en gran medida del mismo tipo a las que se implementaron en crisis pasadas: “inyección de liquidez, recapitalización de los bancos, y los errores también volvieron a repetirse. Si evaluamos la situación actual, es preciso admitir que no hemos ido tan lejos como deberíamos en lo que concierne a la reforma y a la reestructuración”.

“El vehículo inicial de contagio”, dijo Richard Herring, profesor de Finanzas de Wharton, “se produjo cuando Paribas rechazó pagar lo que debía, a partir de ahí los bancos perdieron la confianza mutua. La financiación de las operaciones comerciales depende en gran medida de la confianza. Perdimos un año entero intentando identificar lo que había ocurrido como una crisis de liquidez, pero para los bancos era evidente que se trataba de una crisis de solvencia. Los bancos centrales estaban inundando de dinero los mercados en vez de hacer frente al problema de la solvencia”.

“Países enteros pueden tener tasas de descuento destructivas”, dijo Jack Goldstone, profesor de Finanzas públicas de la Universidad George Mason, “si decidieran dar prioridad a los activos futuros de corto plazo en lugar de optar por los de largo plazo. Los tigres del este asiático han pasado por un proceso de desarrollo exitoso porque, entre otras cosas, tuvieron la suerte de tener líderes que tenían en cuenta sus países y estaban más preocupados de elevarlos a una posición destacada en el plano internacional que en obtener poder y posición. Extender ese pensamiento a un país entero puede ser función del liderazgo o consecuencia de eventos que cambien la tasa de descuento. Seguimos cometiendo los mismos errores porque aparentemente no disponemos de una palanca que, al ponerla en marcha, señale: ‘He aquí lo que puede suceder en 30 años’. En lugar de eso, tenemos otra que dice: ‘¿qué ha hecho la posteridad por mí’? Esa ha sido nuestra actitud”.

“Sería interesante saber si hay una diferencia categórica entre democracias y no democracias”, dijo Bruce Carruthers, profesor de Sociología de Northwestern University, “principalmente en el ámbito de las democracias cuyas poblaciones están en proceso de envejecimiento —las personas más mayores exigen más de los recursos disponibles, pero tienen también mayor peso político, lo que nos permite llegar a la conclusión de que las soluciones políticas para ese problema se volverán más complejas en las democracias—, puede que no tanto en otros sistemas políticos”.

Claessens observó que no existen, de momento, “instituciones lo bastante sólidas para limitar el crecimiento de burbujas a partir del momento en que se vuelven más arriesgadas. No contamos con una gobernación regulatoria lo suficientemente desarrollada, no existe un control para la contratación de ex funcionarios del Gobierno por parte de empresas privadas, prestación de cuentas y supervisión adecuada”.

Harold James, profesor de Historia de Princeton, también cree que las causas de la crisis continúan vigentes. “Aunque el mercado inmobiliario no sea un problema tan significativo, los pobres continúan contrayendo muchas deudas. Esta vez a través de endeudamientos de otro tipo, como tarjetas de crédito, para compensar la disminución de la renta”.

En vez de dar mayor poder a las agencias de evaluación de riesgo, James dijo que deberían eliminarse. “Acabar con las agencias de riesgo sería un paso importante”. Como ellas básicamente comparten el mismo lecho que los emisores, “se vuelven, por eso, tan importantes para los resultados del mercado”, observó.

“Se está haciendo un esfuerzo para hacer frente a la cuestión de los incentivos erróneos dados a bancos e instituciones demasiado grandes, pero no se puede hacer de la noche a la mañana. Hasta puede ser que la geografía de la próxima crisis financiera sea un poco diferente, lo que no sería una sorpresa. Estas no tienen lugar exactamente en el mismo lugar”, añadió James.

“Respecto a los desequilibrios globales, ha habido una ligera retracción en lo que se refiere a la gran recesión, pero no un cierre completo de posiciones”, observó James. “Eso es bueno, porque si el cierre persiste, tendremos una reversión de flujos globales, lo que es exactamente el tipo de cosa que alimenta la Gran Depresión, y no sólo una recesión. Éstos, sin embargo, están aumentando y, además de eso, estamos en una era en que el dinero barato alimenta los nuevos booms de materias primas y de activos. Por lo tanto, el problema es que aún vivimos en un mundo que produce crisis”.

Todo sigue igual en Wall Street

Según Nouriel Roubini, profesor de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, “el problema del sistema financiero de Wall Street no se ha resuelto. Las personas citan mucho la ley Dodd-Frank [ley de reforma de Wall Street y de protección al consumidor americano suscrita en 2010], ¿pero hemos cambiado el sistema salarial? ¿Hemos hecho frente al problema del gobierno corporativo? ¿Hemos separado los bancos comerciales, las instituciones más arriesgadas del shadow banking [que no reportan a los órganos de regulación bancaria] y los bancos de inversiones? No, por lo tanto el problema continúa”.

Estados Unidos, dijo Roubini, corre el riesgo de tener una recuperación muy débil. “En el momento en que el sector público entra en proceso de desapalancamiento —si eso, de hecho, sucede: subiendo los impuestos, reduciendo las transferencias de pagos, recortando gastos, éste provocará necesariamente una nueva ronda de desapalancamiento en el sector inmobiliario. Además, el mercado laboral está mejorando, pero el desempleo continúa siendo demasiado alto.

“La mayor parte de los congresistas presentes creen que la recuperación incipiente está amenazada por el regreso “a la misma forma de hacer negocios” en Wall Street, con pocos cambios en los salarios de los ejecutivos, tal vez una mayor concentración del riesgo y un empeoramiento en lo que concierne al problema de empresas “demasiado grandes para caer”, sin hablar de la práctica señalada del shadow banking.

Deuda soberana

Otra cuestión que tiene que ser vigilada de cerca, dijo Roubini, es el riesgo soberano en las economías avanzadas. “La deuda pública aumentará más del 100% respecto al PIB en las economías más avanzadas en los próximos dos o tres años”, observó. “Por lo tanto, la cuestión del riesgo soberano, de la reducción de los déficits presupuestarios y de la estabilización de la deuda pública no son sólo desafíos para la región de la zona del euro; serán también los principales desafíos a los que las economías avanzadas tendrán que enfrentarse”.

Diversos factores, sobre todo en Estados Unidos, merecen consideración, dijo Roubini, como “el desapalancamiento del sector inmobiliario, la elevada tasa de desempleo, la posible doble recesión en el sector inmobiliario, los problemas en los gobiernos nacionales y locales y la parálisis del Congreso”. Aplazar la solución de esos problemas puede provocar una revuelta en el mercado de títulos. Los países con elevado grado de desarrollo son otra fuente de riesgo. “Los mercados emergentes están creciendo rápidamente”, dijo Roubini, destacando que existe el peligro de sobrecalentamiento. “Han tardado en adoptar una política monetaria más rigurosa y han sido lentos también a la hora de recurrir a las tasas de cambio para controlar la inflación, y ahora la inflación está subiendo. En muchos de esos países, dos tercios de la cesta de consumo corresponden a la energía, alimentos y transporte. Por lo tanto, o se mantiene el crecimiento elevado por razones políticas o se controla la inflación”.

En la periferia de la zona del euro, la cuestión no es meramente de deuda pública, dijo Roubini. “Varios de los sistemas financieros tienen problemas, sobre todo en países donde la burbuja inmobiliaria ha estallado. Ellos necesitan limpiar los bancos y es posible que tengan que reestructurar el pasivo y lidiar con los activos de amortización dudosa. Esos países exportaban bienes de bajo valor añadido y de mano de obra intensiva y han perdido cuota de mercado frente a China, Europa central y otros mercados emergentes. Los salarios estaban subiendo más deprisa que la productividad. El volumen de déficits en cuenta corriente aumentó y la puntilla fue la valorización excesiva del euro. ¿Qué harán esos países para restaurar la competitividad y el crecimiento? Aunque el riesgo de colapso en la zona del euro sea mucho menor que hace un año, los problemas señalados son crónicos y harán falta años para solucionarlos.

“La mejor solución tal vez no sea la más agradable, dijo Roubini. “La crisis comenzó con un volumen de deuda muy grande en el sector privado; la socialización de las pérdidas privadas provocó el endeudamiento público. Algunas de esas deudas soberanas crecieron hasta tal punto que perdieron acceso al mercado. Ahora tenemos las instituciones supranacionales—FMI, BCE, etc.— saliendo al rescate de la deuda soberana de los países. Por lo tanto, estamos empujando los problemas hacia adelante: deuda privada, deuda pública, deuda supranacional. Bien, desde luego no vendrá nadie de la Luna o de Marte para socorrer al FMI, al Banco Central Europeo, etc”.

Roubini dijo que hay, básicamente, cuatro opciones: “La primera de ellas es hacer crecer el denominador, tener un volumen suficiente de crecimiento económico. Sin embargo, debido al endeudamiento elevado del sector privado y del sector público, el crecimiento económico será lento, por lo tanto no conseguiremos salir del problema de la deuda. La segunda opción sería ahorrar más. Pero si, de pronto, todo el mundo empieza a consumir menos y a ahorrar más, la demanda caerá, la producción disminuirá y con eso el índice de la deuda/PIB crecerá de nuevo. La tercera opción sería la inflación, pero eso lleva a muchos otras repercusiones secundarias. La cuarta opción es la más realista de todas: reestructuración de la deuda. Hasta ahora preferimos no reestructurarla, pero eso podrá ser necesario en algunas situaciones”.