Foto: Leandro Fabrizi Ríos.

A 26 años del surgimiento en Puerto Rico de la primera corporación pública que formalizó el apoyo a la autogestión comunitaria, el gobierno abandona el proyecto.

Por Laura Moscoso | Centro de Periodismo Investigativo

 

La imagen clásica que marca la historia de la comunidad de Cantera en San Juan es de 1989 cuando los vecinos se reunieron en una marquesina luego de la destrucción del huracán Hugo para dividirse tareas y asumir su propia reconstrucción. Ahí comenzó a formalizarse un proceso de organización comunitaria que desencadenó en que el gobierno estableciera una corporación pública para atender las necesidades de los residentes del empobrecido sector y trabajara junto a ellos para mejorar sus condiciones de vida.

Tres décadas más tarde, la comunidad de Cantera está en agonía y tras el paso del huracán María ahora se enfrenta al cierre de la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera, según establece el Plan Fiscal certificado por la Junta de Control Fiscal (JCF). La medida, aunque certificada por la Junta en abril, no es una idea del ente impuesto por el gobierno federal, sino que aparece en documentos internos de la administración de Ricardo Rosselló que en octubre 2017 — un mes después del huracán María — contemplaba el cierre de la corporación.

Desde su nacimiento, el cierre de la Compañía estaba proyectado. Según su ley orgánica, la Ley 20 de 1992, la corporación tendría vida por 20 años, con opción de prórroga de cinco años. En el 2013, el exgobernador Alejandro García Padilla decidió extender la vida de la Compañía por 20 años más, incluyendo un proceso de transición de cinco años antes de la fecha de expiración para que los programas que la comunidad identificara como vitales siguieran funcionando a través del Consejo Vecinal de la Península de Cantera.

Pero ahora el Plan Fiscal certificado exige el cierre de la Compañía luego de un “período de reducción de actividades” entre dos y tres años a partir del ciclo fiscal que comienza en julio. También especifica que en los próximos dos años la Compañía “tiene que lograr” un ahorro de 50% de su presupuesto. El presupuesto vigente de Cantera proveniente de la Resolución Conjunta del Presupuesto General se ha reducido a $433,000 anuales.

“El presupuesto de esta corporación son $400 mil. Dentro del macro, es una ‘centavería’. No sabemos cuáles son las motivaciones reales de todo esto. Hay cosas que no se entienden”, denunció Felícita Maldonado, residente de Cantera y cofundadora del Consejo Vecinal, cuando habló con el Centro de Periodismo Investigativo (CPI).

En cuanto al cierre de la Compañía, añadió: “No pretendo que la corporación se perpetúe porque para eso no fue que se creó. Que nos permitan ver qué queda por hacer de lo que nosotros en algún momento soñamos para nuestra comunidad, que nos den tiempo para que haya una transición ordenada como dice la misma Ley y de ser posible, si estamos preparados en el Consejo Vecinal, que puedan transferir algunos programas para mantenernos haciendo algo por nuestra gente”, dijo Maldonado, que también forma parte de la junta del G8 que agrupa a las comunidades aledañas al Caño Martín Peña.

En el presupuesto propuesto por la administración de Rosselló, y enviado a la JCF el 18 de mayo, la Compañía tiene asignados $390,000, una reducción del 11.03% respecto al año vigente.

“Eso limita las actividades que ellos pueden hacer. No coincido con que se le dé muerte a al proyecto de Cantera”, opinó Carmen Yulín Cruz Soto , alcaldesa de San Juan y añadió que está de acuerdo con la extensión del proyecto hasta el 2033 que García Padilla propuso en el 2012.

A preguntas sobre qué medidas tomaría el Municipio para apoyar a la comunidad sanjuanera, la alcaldesa habló de la iniciativa ‘Cantera embellece’, mediante el cual vecinos de la comunidad fueron contratados, con fondos federales de la Ley de Innovación y Oportunidades para la Fuerza Laboral (WIOA, en inglés), para hacer tareas de ornato en áreas de la capital. En términos de fondos municipales que puedan ser asignados a la Compañía, Cruz Soto no se comprometió a nada.

“Si nosotros queremos eliminar la pobreza, no lo podemos hacer haciendo que la gente dependa de las ayudas del gobierno. Tenemos que acompañarlos con educación y proyectos de desarrollo comunitario”, concluyó la alcaldesa.

Por su parte, la comisionada residente en Washington Jenniffer González Colón hizo un recorrido por la comunidad el 11 de mayo acompañada de Jeff Merkley, senador republicano por Oregon y miembro de Comité de Asignaciones. La visita era parte de una jornada para enseñarle al senador los sectores más afectados por el huracán María. En conferencia de prensa, y a través de las redes sociales, la Comisionada Residente se expresó de manera general que “estamos trabajando juntos para obtener fondos para las comunidades de Caño Martín Peña, como Cantera. No podemos permitir el cierre de programas exitosos debido a la falta de fondos”.

El CPI hizo gestiones para entrevistar a González Colón sobre este asunto, pero no contestó.

Estocada a un proyecto ya debilitado

A los recortes y la sentencia de muerte, se suma la falta de timón en la corporación pública: la persona que dirige la agencia, Francine Sánchez Marcano, ocupa su cargo hace tres meses y de manera interina.

Sánchez Marcano no pudo dar una lista de tareas que la Compañía realizó en los días después del huracán para apoyar a la comunidad, pero mencionó que la entidad ayudó a los residentes a llenar los formularios en línea de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencia (FEMA, por sus siglas en inglés) y coordinar algunos esfuerzos de recuperación, que no pudo precisar, con el Cuerpo de Ingenieros de Estados Unidos (USACE, por sus siglas en inglés). La única ayuda concreta que la directora interina pudo detallar fue la que ella realizó cuando trabajaba en el programa Casa Educativa: “apoyar a las personas a buscar hielo” comprando bolsas en una empresa que está cerca de la comunidad y vendiendolas a los residentes “a lo mismo que nos la vendían”. Casa Educativa trabaja con niños de la comunidad y Sánchez Marcano dirigía este programa hasta que la pusieron al mando de la Compañía.

El escenario de este sector de la capital es tétrico y hace eco de una de las realidades que salieron a relucir en Puerto Rico después del 20 de septiembre de 2017: fue el pueblo el que se salvó así mismo porque las gestiones de respuesta del Gobierno fallaron. A Cantera ninguna entidad gubernamental llegó sino semanas después de María y si hoy tienen algunos servicios ha sido porque los vecinos se movilizaron en protestas.

Desde que juramentó como gobernador, Ricardo Rosselló no ha ido a los barrios de Cantera, según confirmaron Felícita Maldonado y la secretaria de prensa del Gobernador.

“No nos hemos reunido con él [Ricardo Rosselló]. De hecho, unos ayudantes de Miguel Romero me dijeron que nunca habíamos invitado al senador acá y yo me quedé como ‘bueno, a veces ellos llegan a las comunidades sin invitación’. Si tú estás interesado en ayudarme y crees que me puedes ayudar, puedes hacer un acercamiento. Esto es una corporación pública, ellos no tienen que pedir permiso para entrar aquí”, denunció Maldonado.

“Después de dos semanas de María fue que el personal llegó a trabajar. Me estuvo malo. Aquí el personal se dedicó a llenar documentos de FEMA. Nos reunimos con Luis Cintrón [quien era el director ejecutivo en ese momento] y le reclamamos. Él lo único que nos dijo fue que para eso [ayuda inmediata] existía Manejo de Emergencias municipal y estatal. Y yo le contesté: ‘Óyeme, este proyecto surgió de un huracán, del huracán Hugo’. Yo no quedé satisfecha con la contestación que nos dio”, añadió.

El senador Miguel Romero, que representa el distrito de San Juan, habló en abril con líderes de Cantera, sin embargo allí no mencionó el Plan Fiscal. “No fue del Plan Fiscal en sí, sino el impacto de la reorganización del gobierno, de las problemáticas fiscales de la corporación y de aspectos de la comunidad”, explicó Romero sobre el tema de la reunión. El senador por San Juan se ha expresado de forma general sobre la importancia de las organizaciones comunitarias para combatir la pobreza, pero no se ha pronunciado a favor o en contra del cierre de la Compañía.

“Es inaceptable que estemos como en el 1989. Yo le digo a la gente que mi problema no es María, eso es algo completamente natural. Mi problema es lo que no ocurre después, por la mala administración”, denunció Mabel Román Padró, residente y líder comunitaria de Cantera, sobre los malabares que en la actualidad hacen sus vecinos para sobrevivir.

“Los pobres remendamos la vida con una aguja todos los días”

Mabel y su familia pasaron el huracán Hugo en el hogar de su hermana en Villa Palmeras para estar en una casa de concreto en terreno elevado, contrario a donde vivían. El aviso de huracán era de vientos muy fuertes y lluvia intensa. Pensaron que la familia estaría más segura si se refugiaba. Tuvieron razón: cuando el azote pasó y pudieron regresar a su vecindario, la devastación era palpable. Los vecinos que menos perdieron quedaron sin techos o verjas, otros sin residencias. La comunidad se inundó de manera que no se podía distinguir entre la lluvia acumulada y las aguas usadas de los alcantarillados. Los árboles y los postes quedaron todos en el suelo cerrando paso al que intentaba entrar a la comunidad.

“El golpe fue tan brutal que tú te dabas cuenta de que no tenías ningún tipo de acción que pudiera mejorar la devastación que había hecho. Donde habían casas, ya no estaban”, recuerda José ‘Chago’ Santiago, esposo de Mabel Román, de los días luego del 18 de septiembre de 1989 tras el paso del huracán Hugo por Puerto Rico que afectó significativamente a su barrio de Cantera.

El recuerdo está plasmado de imágenes del sector sanjuanero destruido, pero su mayor impresión fue ver a los vecinos atendiendo la emergencia. “Lo más que me impactó fue que pasa la tormenta y cuando regresamos a la comunidad todo el mundo estaba organizado limpiando, recogiendo, abriendo las calles para cuando llegaran las ambulancias. La misma gente, motu proprio, inicia el proceso de reconstrucción. Uno contaba la gente: ¿Cuántos somos? Uno, dos, tres, cuatro, y Mabel y yo. Vámonos a ayudar”, dice Santiago, que en entonces era el maestro de historia del barrio y rápido asumió liderato para lidiar con las necesidades de la comunidad.

Mabel Román recuerda también la voluntad de los vecinos para botar el golpe de Hugo y normalizarse, pero en su memoria lo que sobresale es la ausencia del gobierno en todo aquel proceso de reconstrucción. “En el caso de Hugo, la comunidad, el centro cultural, la escuela, la iglesia pudieron fungir como un centro de apoyo donde se canalizaban algunas ayudas. Con Hugo tuvimos la gran lección de que si tú no tienes un refugio oficial del estado asignado, en aquella época, tú no recibías las ayudas. Cantera no tenía refugio. O sea, que ni para el gobierno contamos porque sin refugio las ayudas eran muy escasas. Los líderes naturales, los líderes recreativos, los maestros son los que dan un poco de estructura al caos”.

Por días, que se convirtieron en largas semanas, Cantera iba sobreviviendo con lo que tenía: la maña y la fuerza de los vecinos. Pero Hugo no vino y se fue, sino que debilitó gravemente los terrenos del cerro de la comunidad y comenzaron los deslizamientos. Esto sí capturó la atención del Municipio de San Juan y los funcionarios llegaron al barrio, pero no con maquinaria para detener los derrumbes sino con un plan de expropiación y desarrollo, una vez desalojaran a los residentes. Su canto de sirenas: evitar los horrores de los derrumbes de 1985 en el vecindario de Mameyes, en el barrio Portugués en Ponce.

“Hugo trae a su vez unos problemas de infraestructura física: las casas que estaban en el cerro se vieron amenazadas por el deslizamiento. El municipio ve la oportunidad de implementar varios planes que ya tenía: sacar más familias de la comunidad”, dice Román y destaca que el Municipio no llegó a Cantera con alternativas, sino llenando de miedo a los vecinos. Alertados por las movidas municipales, la comunidad indagó y descubrió que existían 29 planes para intervenir en Cantera, y ninguno se les consultó. Uno de estos planes, de la década del 1970, era una inversión para desarrollar los terrenos: el Parque del Sureste, un invento de Hernán Padilla, quien había sido alcalde de San Juan por el Partido Nuevo Progresista de 1977 hasta 1985. El proyecto contemplaba expropiar a los residentes y reemplazar sus casas con lujosas marinas.

Aquello fue un episodio de frustración: los vecinos tenían muy cercano el recuerdo de las expropiaciones de Tokío en Hato Rey, y los abusos del estado para sacar a la gente de Villa Sin Miedo en Canóvanas.

“Nosotros habíamos logrado en una reunión en que planteamos: si se va uno, nos vamos todos. Trajimos eso a la comunidad, y la comunidad se molesta y se levanta y se organiza. Bien gregarios, todos unidos”, dice Santiago, quien reconoce que no pudieron evitar que algunos vecinos aceptaran la oferta del Municipio y les vendieran sus casas. En total, 200 familias se fueron.

“Pero, nos organizamos para evitar el desalojo. Esa fue la primera meta: sobrevivir”, cuenta Román.

Mientras el liderato comunitario se reunía y conversaba con vecinos sobre los planes del municipio, una monja dedicada a la labor comunitaria en Cantera llamó a una exalumna suya, periodista en un periódico del país, y le contó del abandono gubernamental que allí se sufría: no llegaba la ayuda y sin agua ni luz la situación era una urgencia. La reportera Ileana Cidoncha visitó a su maestra y escribió un artículo para El Nuevo Día que puso la denuncia de la Hermana Isabel “Lalín” Pérez Calderón en el escritorio de quien era en ese momento la secretaria de la Gobernación, Sila M. Calderón Serra.

Calderón reconoció a “Lalín”, que también había sido su maestra, y la llamó para ir a verla y asegurarle que los esfuerzos de reconstrucción del gobierno estaban a todo vapor, pero su discurso se quebró cuando llegó al barrio.

“Lo que yo vi allí cambió mi vida radicalmente para siempre. La situación era tan horrorosa después del huracán, pero lo era antes también: niños jugando con aguas negras en el Caño Martín Peña, casuchas que casi no se mantenían en pie. La pobreza más abyecta que te puedes imaginar”, recordó la exgobernadora.

Ahí comenzaron reuniones con expertos en diseño comunitario de la Universidad de Puerto Rico. En 1991, se fundó el Consejo Vecinal de Cantera cuyos miembros eran vecinos electos como representantes de la comunidad. Luego se esbozó una propuesta con una decena de prioridades para su mejoramiento y comenzó el camino para lo que en 1992 se convirtió, por virtud de ley, en la Compañía para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera.

“Hay quien nos odió a muerte y nos odiará a muerte. El mismo alcalde de San Juan, Héctor Luis Acevedo, no soportaba el proyecto. No nombró la Junta de Directores sino hasta seis meses después [de aprobada la ley], desentendiendose de su responsabilidad”, criticó Román.

La exgobernadora Calderón tiene un recuerdo parecido y aunque no quiso nombrar a nadie, sí reconoció que la política partidista fue uno de los mayores obstáculos del proyecto. “En aquel momento, y yo creo que todavía, el mayor obstáculo es la política. Hubo problemas con una persona que estaba en un puesto político importante que sencillamente no quería ni siquiera poner un representante [en la Junta de Directores] porque tenía temor de que se fueran en contra de él, lo cual es una cosa absurda”. La ley se aprobó gracias al cabildeo incesante de los vecinos.

“El cabildeo es importante. Cuando se dio el proyecto de ley, nosotros no salimos de ahí [el Capitolio]. Habían 300 residentes de la comunidad. Era un año de elecciones: 1992. Eso hace un antes y un después. Sabíamos que si no lo hacíamos, el proyecto de ley no se iba a dar”, cuenta Mabel Román. Aprendieron la importancia del cabildeo político y se adiestraron para hacer un censo de necesidades junto a un grupo multidisciplinario de profesores y estudiantes que llevó el arquitecto Edwin Quiles a Cantera. De ahí salió, en 1994, el Plan Integral para el Desarrollo de la Península de Cantera, que sigue vigente hasta el día de hoy. El resultado fue una propuesta de mejoramiento físico y social para la comunidad.

“El Plan conllevó una investigación exhaustiva en términos de quiénes vivían allí, pero también pensar ese lugar y su capacidad para un futuro mejor. Pensamos como parte del estudio unos cambios en el espacio: mejorar la vivienda, atraer más vivienda para Cantera, y atraer inversiones para Cantera. Inversiones no tanto en el sentido de traer inversionistas a Cantera, sino capital para que la gente de Cantera que ya eran empresarios — como el dueño del colmado, la que cuida niños, el que fabrica billares — también tuviesen la capacidad de aumentar su negocio y emplear gente de Cantera. Que el empresario principal fuera de Cantera. También hicimos una propuesta para que las cuarenta y pico de cuerdas que estaban aún vacantes se pudieran también urbanizar y aumentar la cantidad de residentes de forma tal que se pudieran viabilizar más servicios, mejores servicios para Cantera,” explicó Quiles.

Para el arquitecto y profesor fue importante enfatizar el valor que tenía la tierra: “Visualizamos a Cantera como una especie de centro, de forma que esas facilidades sociales que no existían en la parte central de Barrio Obrero se pudieran ubicar en Cantera y promover un flujo de gente de Cantera y hacia Cantera. Ubicar a Cantera en la ciudad”.

Este es de los recuerdos más importantes de todo el proceso que tiene Mabel Román.

“Edwin Quiles nos enseña con mapas aéreos — nunca nos habíamos visto desde el aire — que nosotros geográficamente éramos una comunidad más grande que lo que creíamos, éramos una península, teníamos tres cuerpos de agua. Nos fuimos educando de lo que éramos y de lo que podíamos ser. La ubicación céntrica que teníamos. La gente sabía que estar en Cantera era importante, pero verlo desde el aire, ver lo que nos rodeaba… el valor de Cantera. Nosotros le tenemos un valor emocional y las generaciones mayores, porque ellos habían construido Cantera desde el fango, desde la basura, desde sacar basura. Quizá, los que no veíamos ese valor, le dábamos valor desde el valor de la propiedad”.

Aún así, después de todas las reuniones, de tener un plan de desarrollo aprobado y convertido en ley, el proyecto no arrancaba. La exgobernadora Calderón da como explicación que las necesidades de la comunidad no iban de la mano con las exigencias de la Compañía. “Habían pasado dos años y el plan como que no adelantaba y en una de las reuniones yo dije: ‘Estamos muy atrás. Estamos muy lentos. Tenemos que adelantar este plan’. Una de las vecinas, Mabel Román, levantó la mano y dijo: ‘Señora Calderón, usted quiere que nosotros vayamos rápido y nosotros queremos complacerla, pero usted tiene que entender que nosotros los pobres remendamos la vida como con una aguja todos los días. Eso quiere decir que cuando uno vive la vida en pobreza, se levanta por la mañana y no sabe cómo va a terminar el día. Uno tiene que trabajar para sobrevivir ese día. Planificar, yo entendí en ese momento, es un lujo”.

Se le preguntó a la exgobernadora cuál era su reacción ante el cierre de la Compañía que ella impulsó. “Medidas como la propuesta aumentarán aún más la pobreza y la falta de equidad en nuestra Isla, que ya rayan en niveles vergonzosos”, se limitó a contestar sin precisar qué acciones tomaría para impedirlo.

Cantera inspiró

“Fue un proyecto piloto. Lo que aquí se hizo no había ocurrido en Puerto Rico nunca: se logró unir a la empresa privada, al gobierno y a la comunidad para trabajar con un fin común”, reflexionó Felícita Maldonado sobre la experiencia en Cantera y apunta que el logro más importante de todo el proceso fue el fortalecimiento de los líderes comunitarios.

“La capacitación del liderato es buena. Mucha gente mide los logros de las cosas por la cuestión física, sobre todo el gobierno. Pero la capacitación de las personas, que es algo que sigues desarrollando, da ganancias. Lo ves a largo plazo, no de inmediato, como un edificio. La capacitación de la gente, descubrir que eran líderes, que aportan al país”, concluyó Maldonado.

Cuando se le preguntó a Mabel Román sobre el mayor logro, contestó sin vacilar: “Permanecimos”.

Cantera se convirtió en el prototipo de comunidad organizada y Sila Calderón trató de escalar esa experiencia mediante el proyecto de Comunidades Especiales, la Ley 1 de 2001, que logró esbozar planes de desarrollo para 686 comunidades pobres en todo Puerto Rico. La oficina, adscrita a La Fortaleza, ha ido cambiando de nombre y perdiendo recursos hasta quedar prácticamente inoperante. Según la Encuesta sobre la Comunidad de Puerto Rico del Censo de Estados Unidos, en la Isla en el 2016 el 45% de las personas vivían bajo el nivel de pobreza.

Según esta misma encuesta, en el barrio Las Casas, que tiene sectores que son parte de Cantera, el 77% de las personas vivían bajo el nivel de pobreza.